Daniel Pintado comenzó en la marcha accidentalmente.

Antes de terminar la escuela, a Pintado lo llevaron a una competencia atlética en la ciudad portuaria de Guayaquil. Era su primer viaje largo y estaba anotado para correr los 800 metros, pero hubo una confusión y terminó inscrito en la competencia de marcha representando a su centro académico y se quedó con la medalla de plata.

Entre risas recuerda a The Associated Press, que instantes antes de esa competencia, su hermano David le explicó “cómo debía mover las piernas y los brazos”.

“Iba ganando, pero un juez me dijo hizo una amonestación y por el miedo bajé el paso y otro niño me ganó, así fue mi inicio en la marcha, sin saber nada de nada de marcha”, contó el atleta de 26 años que se alista para competir en los aplazados Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Sus padres Fausto, un carpintero, y Eulalia, comerciante de ropa, juguetes o cuanta cosa podía comprar y vender, hicieron lo posible por mantener a Daniel y otros cinco hermanos, ajustando al máximo el gasto.

“Nnunca nos faltó un plato en la mesa y con lo poco que tenían siempre se dieron modos para apoyarnos a todos”, dijo Pintado.

“Ellos confiaron ciegamente en mis condiciones, de donde sea sacaron plata para apoyarme y eso me motivó a darme por entero para lograr resultados a nivel nacional e internacional, por eso me dieron una beca y con el tiempo empecé a ayudar a mi familia”, añadió.

Tras malos resultados deportivos en la marcha de 20 kilómetros en 2014 y 2015, el estado le retiró una beca deportiva. Pintado ya se había convertido en padre de Nicolás.

Tuvo que dedicarse a ser taxista y casi renunció al deporte.

“Mi familia y la de mi esposa (Karen Palaguachi) nos ayudaban como podían, pero una noche estábamos desesperados porque no teníamos dinero y mi hijo lloraba de hambre, entonces salí como taxista informal a buscar ingresos para comprar leche y pañales. Fue duro, estuve a punto de retirarme”, relató.

Manifestó que “esa experiencia tan dura me sirvió para saber en dónde estaba y de dónde venía”, y recordó que entonces prometió a su hijo que no volverían a pasar por una situación similar y ”mi hijo y mi familia se convirtieron en el motor para superarme”.

Pintado ha sido en múltiples ocasiones campeón nacional de marcha, bolivariano, sudamericano y panamericano. En la última competencia se acreditó un tiempo de 1 hora, 20 minutos y 15 segundos, por debajo de la marca mínima exigida de 1 hora y 21 minutos.

Vive y entrena usualmente en su natal ciudad de Cuenca. Esa es la cuna del único campeón olímpico de Ecuador: el mítico Jefferson Pérez, oro en la marcha corta de los Juegos de Atlanta 1996 y Beijing 2008.

Ahora, Pintado ha dejado atrás la incertidumbre económica, justo cuando llegó a la familia su segunda hija, Monserrate, de seis meses.

Por sus logros deportivos, el andarín ha recibido el apoyo de unas seis empresas privadas e incluso ha contratado — pagando de su bolsillo — un equipo multidisciplinario de cinco profesionales para mejorar sus tiempos, además paga los necesarios suplementos y equipamiento deportivo.

“No solo se trata de entrenar al máximo, sino de tener la ciencia y a profesionales que me conduzcan de la mejor manera. Ahora estoy muy bien encaminado, he trabajado muy responsablemente y cuidando hasta el más mínimo detalle para las olimpiadas”, explicó.

Acerca de un posible medalla en Japón, prefiere no hacer vaticinios, aunque lleno de convicción se limita a decir que “ahora tengo los pies bien puestos obre la tierra, puede estar seguro que en la competencia entregaré todas mis fuerzas, lo dejaré todo en el asfalto, de eso no hay duda y los resultados hablarán por mi”.

La competencia de Pintado está prevista para el 5 de agosto en Sapporo. | AP / Los Ángeles Times