Luego de 22 años, este martes 22 de junio del 2021, Gloria Esperanza F. y María Eugenia I. conocieron a sus verdaderos hijos. El 23 de febrero de 1999 ellas dieron a luz en una casa de salud pública de Cuenca y sus hijos fueron cambiados al momento de la entrega.   

Pero la búsqueda empezó en el 2015 cuando María Eugenia, quien vive en Cuenca, para salir de sus permanentes dudas, decidió hacerse el examen de ADN con su hijo. Los resultados le confirmaron que Jorge Arturo no era su hijo biológico.   

Entonces, en medio de la incertidumbre de no saber dónde estaba el hijo que ella trajo al mundo, la madre inició una demanda civil a la casa de salud para ubicar a su verdadero hijo. Ese día nacieron 12 niños en esa casa de salud.  

Las indagaciones judiciales confirmaron el hecho y un año después, el Tribunal de la Sala Civil y Mercantil de la Corte Provincial de Justicia del Azuay, ordena a la Fiscalía investigar y encontrar al hijo biológico de María Eugenia y a los padres de Jorge Arturo.  

Mediante trabajo de inteligencia, la subzona 6 de Policía y de la Dirección Nacional de Delito contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestro (Dinased) ubicaron a las restantes 11 madres que viven en diferentes ciudades del Austro.   

De allí descartaron a cuatro familias y con las siete restantes trabajaron en las pericias biológicas de ADN. Esa búsqueda tomó tres años y los últimos resultados del ADN llegaron este lunes 21 de junio, del laboratorio del Centro Forense de la Policía Nacional.  

De esa forma ubicaron a Gloria Esperanza, quien vive en la provincia de El Oro y que es la madre biológica de Jorge Arturo. Ella tenía a Víctor Joel S., el verdadero hijo de María Eugenia. El reencuentro familiar se cumplió este mediodía de forma reservada, por pedido de las dos familias.  

Uno de los policías contó que María Eugenia ha estado en terapia sicológica, desde que conoció del cambio de niños en el hospital. Además, que los jóvenes se quedarán con las familias que les criaron y que vivirán un proceso de acercamiento con sus verdaderos padres. | El Comercio