Tres ecuatorianos radicados en el exterior y uno que se encuentra Quito buscaron la manera de contribuir ante la crisis sanitaria que afecta al país por la pandemia del COVID-19. Desde sus conocimientos buscaron determinar la percepción y conocimiento que se tenía de la enfermedad así como la disponibilidad para pagar una vacuna durante los primeros días de abril.

El economista Carlos Carpio junto con Óscar Sarasty, la doctora lojana Patricia Guerrero y el especialista de Economía en Salud, Iván Borja, organizaron el estudio que consistió en la realización de una encuesta a través de una empresa especializada a 1000 hogares sobre los conocimientos y percepciones del manejo de la emergencia, así como la reacción que tendrían ante la llegada de una vacuna.

Carpio contó que realizaron la encuesta entre el 3 y 8 de abril, periodo donde los contagios se concentraron principalmente en Guayaquil, a través de la firma Qualtrics. El estudio fue financiado por la cátedra Larry Combest de Competitividad Agrícola de la Universidad Texas Tech.

Entre los resultados principales que encontraron es que había una alta preocupación por contraer el virus y no tener el dinero para solventar el tratamiento. Así como hubo percepción que la gestión del primer mandatario fue mala (46,5%) y tan solo el 34,6% la consideró buena. En el caso de los COEs más de la mitad de los encuestados lo consideraron entre bueno y muy bueno.

Casi 4 de cada 5 entrevistados habían reportado disminución de ingreso y 1 de cada 3 se habían quedad sin trabajo, además de altos niveles de estrés y depresión. En promedio las pérdidas de ingreso en el hogar se ubicaron en un 61,7%, similar porcentaje se ubicaba entre quienes pensaban que podían mantener sus condiciones de vida por seis semanas o menos de acuerdo a las restricciones.

En la segunda parte de la información de la encuesta, cuyos resultados se publicaron a principios de este mes, se centró en la estimación de la disponibilidad de pago de una vacuna contra el covid-19. En total el 97% de personas estarían dispuestas a vacunarse, sin embargo, tan solo el 85% pagaría por la misma.

Carpio explica que les tocó escoger dos niveles potenciales de eficacia de las vacunas (entre el 70% y 98%) así como la durabilidad, la cual aún no se ha detallado en varios estudios.

«Lo que encontramos es que la gente estaba más preocupada de la durabilidad, que de la eficacia. Una eficacia del 70 al 90% no encontramos que había diferencia, la gente se le hacía casi lo mismo, pero la durabilidad sí importaba», reseñó.

Sobre el 15% que no estaría dispuesta a pagar o vacunarse, justamente el motivo principal (63,92%) fue que el Gobierno debía proveer de la vacuna, mientras que el 20,25% aseguraba no confiar en las mismas lo que se alinea a los movimientos globales que se oponen a una inmunización mediante esa vía.

En promedio las personas estaban dispuestas a pagar una media de 147,61 y 196,65 dólares por la vacuna, pero el especialista aclara que esto se da porque hubo personas que pagarían mucho más por una dosis lo que la elevó. Con respecto a la mediana, esta se ubicó entre 76,93 dólares hasta 102,46, de acuerdo a la duración y eficacia.

En general, el 87% estaba dispuesto a pagar de 10 dólares a menos por las vacunas, aunque este porcentaje aumentaba a 95% si daba una de mayor duración y eficacia.

La situación cambiaba cuando el precio sería 80 dólares por lo cual alrededor del 50% lo pagaría. Aunque hubo un 20% que sí estaba dispuesto a pagar 400 dólares por las mismas.

«Los individuos estaban dispuestos a pagar 30% más para una vacuna con 20 años de protección en comparación con una vacuna con solo 1 año de protección», dice en el informe.

En el momento de la encuesta no se avizoraba una vacuna para evitar los contagios de la enfermedad por lo cual la percepción actual debido a un mayor conocimiento podría haber cambiado.

«Estamos tratando de entender qué lecciones nos deja para el futuro y obviamente una de las cosas es que esta disponibilidad de pago y en el imaginario la disponibilidad de aceptar por la vacuna, todo esto es dinámico, va cambiando mientras hay más información, incluso si usted ya sabe que la probabilidad de infectarse es menor en una ciudad como Guayaquil, porque hay un altísimo porcentaje de infección, en teoría eso debería disminuir su disponibilidad de pago porque la probabilidad de infectarse es menor, así se mantenga todo lo demás constante y obviamente también está el acceso a la información que hay qué tanto se sabe», dijo Carpio.

También calcularon una disponibilidad de pago con la población que sí se vacunaría, alrededor de 14 millones, y el monto que se pagaría por el proceso de inmunización de acuerdo con la disponibilidad a pagar media (196,65 dólares) lo que dio alrededor de 2800 millones. | El Universo