Hay más de 2.000 palabras en nuestro idioma que empiezan con la letra H y muchas otras más en las que se encuentra de forma intercalada. Aunque al hablar no constituye un inconveniente, al escribir puede convertirse en un problema para algunos.

De ahí la interrogante de muchos sobre por qué la utilizamos si en realidad no tiene ningún sonido e incluso han existido intentos de eliminarla del abecedario. Gabriel García Márquez era uno de los que abogaba para suprimir esta palabra, según una publicación de la BBC.

«Una letra reúne dentro de sí muchas cosas: el nombre, la figura, la pronunciación. La H es una letra muy compleja, y existe porque ha ido reuniendo a lo largo de la historia una serie de valores, algunos de los cuales han desaparecido pero otros se mantienen», señala José Manuel Blecua, doctor en Filología Románica, catedrático de Lengua Española y exdirector de la Real Academia Española (RAE).

Cuando empezó a aparecer, esta letra sí tuvo un sonido. Los fenicios, quienes se presume que la utilizaron primero, la pronunciaron como una J aspirada. Los griegos la adoptaron del fenicio dándole la forma mayúscula con que hoy la conocemos y pronunciándola como una suave aspiración. Del griego paso al latín, donde poco a poco fue suavizando su sonido.

Luego del latín pasó al español y, en un inició, se decía aspirada, es decir, acompañada de una pequeña explosión de aire similar a la que caracteriza hoy en día a la pronunciación de la H aspirada del inglés.

El español no solo se adueñó de varios vocablos en latín que iniciaban con la H, también de varias palabras que empezaban con F, y que también en castellano comenzaban en un principio con esa letra. No obstante, al pasar los años, debido a que en varias regiones de España la F también se pronunciaba aspirada, empezó a ser reemplazada por la H desde el siglo XIV.

Algunos ejemplos de esto es que farina, pasó a ser harina; facer, ahora es hacer (verbo); de felecho, llegó a helecho; herir (ferir), hurto (furto), humo (fumo), entre otros términos. El cambio también se evidenció en las palabras que tenían la H intercalada, como es el caso de búho (bufo en latín).

Según la RAE, hasta mediados del siglo XVI la H todavía se pronunciaba por medio de una aspiración en algunas palabras, pero a partir del siglo XV, esa tendencia cambió y las haches aspiradas comenzaron a considerarse un vulgarismo, algo propio de las clases bajas y de gente no instruida. Y así, poco a poco, la H enmudeció por completo.

¿Cuál es la utilidad de la H?

Blecua señala que, aunque no suene, la H tiene su utilidad. «Tomemos por ejemplo la palabra ‘huevo’. A simple vista, parece absurdo que lleve una H inicial. Pero esa H está justificada. Antiguamente, las letras U y V se escribían exactamente igual, con la misma grafía. La H sirve para identificar que la letra que la sucede en la palabra ‘huevo’ es una U y no una V», explica.

Y añade que su función se sostiene también en otros casos. «La palabra búho. La H intercalada sirve para marcar un hiato». Es decir: para advertir al lector de que hay una separación entre la U y la O, que la palabra búho se compone de dos sílabas y no de una.

Otra de sus características y no menos importantes, es que ayuda a diferenciar palabras homófonas, vocablos que en el lenguaje hablado suenan exactamente igual aunque tienen significados distintos. Este es el caso de huno y uno, ojear y hojear, hola y ola o hala y ala.

No obstante, hay varias palabras que la RAE admite que se escriban indistintamente con o sin H: harmonía o armonía, harpa o arpa, harpillera o arpillera, hurraca o urraca, por señalar algunas. | El Universo