El alto costo de Hernán Darío “Bolillo Gómez”

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“Lo que Dios unió, que el hombre no lo separe” señala un versículo de la Biblia. Para los ecuatorianos, entre 2001 y 2002, Hernán Darío Gómez era como un dios. “Predicó”, durante dos años, cómo un país sin historia en el fútbol podía unirse a través de éste. Y para eso no le importó bailar dentro de la cancha o recibir una agresión que lo mandó a la clínica.

Si bien la sociedad arrastraba la crisis bancaria del 99, cuando Gómez hablaba, el resto escuchaba, aplaudía, sonreía… Era la época de los migrantes como sostén de la economía nacional, que provocó una descomposición familiar con niños que crecían sin padres; y con una población que reorganizaba su vida con el paso del sucre al dólar.

“Vamos a ganar con amor propio, con el respaldo de todos los ecuatorianos. La Selección pasa a ser una sola causa en la que todos tenemos que echar para adelante”, fue su frase de presentación y que al mismo tiempo describía cuál sería su estrategia para llegar al éxito.

Pero cuando regresó al país, en 2018, algo había cambiado. Enfadado sobre una consulta sobre su contratación, Gómez reaccionó minimizando el crecimiento del fútbol ecuatoriano: desde que se fue, en 2004, el país clasificó a más mundiales y sus clubes mejoraron en torneos internacionales. “Si no me querían aquí, contraten al técnico de Bélgica (semifinalista del Mundial) pero tráiganlo con los jugadores. La historia de Ecuador no es la que todos creen tener”.

La situación no cambió con el ‘Bolillo’, y la eliminación de la Copa América afloró nuevamente los problemas de la Selección: Indisciplina de algunos jugadores en el torneo y tener un rendimiento deportivo por debajo de lo esperado.

Antecedentes

El ‘Bolillo’ regresó el año pasado y tomó la Selección con un escenario similar al que vivió cuando llegó en 1999: el anterior proceso con el argentino Gustavo Quinteros terminó con una crisis general no solo con la no clasificación al Mundial, sino revelando que internamente la ‘Tricolor’ requería un cambio radical.

Pero en aquella ocasión, es decir en la primera vez del ‘Bolillo’ en Ecuador, él representó la continuidad de un proceso no exitoso desde el resultado pero sí desde una identidad como equipo.

Poco tiempo antes, el también colombiano Francisco ‘Pacho’ Maturana había dirigido a la ‘Tricolor’. Que Gómez llegara era una elección lógica desde su origen: trabajó varios años como asistente técnico de Maturana, tanto en Atlético Nacional como en la Selección colombiana.

Por eso, ir a la Selección fue un paso familiar para el ‘Bolillo’, quien aprovechó ese proceso aún inmaduro del fútbol ecuatoriano: solo un equipo había llegado a una final de Copa Libertadores; a nivel de Selección apenas un cuarto lugar en una Copa América era el mayor honor; y el emblema nacional era Alex Aguinaga, quien jugaba en México.

En 2001, la agresión que recibió el ‘Bolillo’ por reclamos de una persona a la convocatoria de una selección juvenil, provocó que el país se uniera más al discurso del entrenador colombiano. Pese a que se creyó que renunciaría, no lo hizo y pocos meses después llevaría al Ecuador a su primera Copa del Mundo.

“Vamos a aprender (…). Hay que ir a disfrutar”, anticipó el ‘Bolillo’. La gente lo aceptó y lo entendió: Ecuador jugaría su primer Mundial frente a Italia, México y Croacia, tres selecciones tradicionales en ese torneo. Y al final, con un partido ganado de tres que disputó, el regreso fue satisfactorio.

Ahora en su segunda etapa, antes de ir a la Copa América, dijo lo mismo: “vamos a aprender (…) Me contrataron para las Eliminatorias, no para la Copa América”. La respuesta, ahora, fue diferente, incluso desde el actual Presidente de la Federación, Francisco Egas: “Debemos ir a competir a fondo. El aprendizaje es mejor si uno va a ganar, a tratar de ser los mejores”.

Muestra de una relación deteriorada, que no es reciente: en 2012 dijo en una cadena radial colombiana que en su primera etapa como entrenador de la Selección alguien le solicitaba la inclusión de jugadores en las convocatorias. Luego dijo que sacaron sus palabras de contexto, pero hasta hoy los aficionados y los medios le recuerdan esa declaración.

La relación del ‘Bolillo’ con la afición, en su primera etapa como entrenador, fue pletórica. En un partido contra Perú, en el 2000, su constante pedido a las gradas para apoyar a la Selección, que no podía anotarle un gol a Perú, provocó el famoso “Sí se puede”, que desde allí acompañaría a la Selección en sus momentos más difíciles. Contrario a lo que sucedió hace pocos días en Brasil, cuando en la derrota contra Uruguay se escuchó “Fuera ‘Bolillo’, fuera”.

“El discurso y poder de comunicación de Gómez alguna vez logró galvanizar la opinión futbolística del país, pero eso fue hace 20 años. Hoy ese mismo discurso no tiene asidero porque hemos evolucionado en materia de fútbol”, indica el entrenador ecuatoriano Octavio Zambrano, quien hace poco fue vicecampeón de la liga de Colombia.

Del amor al…

Odio quizá es mucho, pero sí inconformidad. Una encuesta realizada por revista Vistazo en sus redes sociales, antes del inicio de la Copa América, mostró que el 80 por ciento de los votantes creían que la Selección necesita cambios. En otra encuesta, ya con la eliminación de la Copa, el 90 por ciento señaló que Gómez no debería seguir como entrenador de la ‘Tricolor’ para las Eliminatorias.

¿Qué detiene a la Federación de terminar el contrato de Gómez? Puntualmente el valor a pagar: si no hay una causa justificada ascendería a más de dos millones de dólares. Y entre las causas no existe ninguna basada en el rendimiento deportivo de la Tricolor.

Los mensajes conciliadores pasaron a un intercambio de frases polémicas. “Busquen el (historial) de la Copa América y miren en qué puesto estamos en toda la historia, ahorita no. Entonces qué quieren que diga, la gente se molesta (…). Nos estamos engañando o estamos informando mal de quiénes son los grandes aquí en Sudamérica”, expresó el ‘Bolillo’, sobre el nivel futbolístico ecuatoriano.

O cuando dijo que “Chile es el rico porque ha ganado títulos, nosotros los pobres. Cuando uno es pobre no va a enfrentarlo a su casa”, en referencia a las limitadas opciones de Ecuador para competir contra la Selección de ese país luego de la derrota por goleada frente a Uruguay.

Mientras Gómez eleva el tono de discusión y señala que él no es el culpable, la Selección muestra a nivel internacional que ni siquiera la altura de Quito es un aliado para clasificar al Mundial. Las palabras bonitas, bailar en la cancha y tener buenas intenciones ya no alcanzan.

Fuente: Jorge Cavagnaro / Vistazo

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